martes, 31 de enero de 2023

78#. No es el pensamiento positivo: es el pensamiento constructivo

El problema del tan manido pensamiento positivo es que, de por sí, no supone mejora alguna en la vida de las personas. Podrán desear que el mundo consiga la archideseada paz mundial, que su amado/a vuelva a quererles o promocionar dentro de su empresa, pero por mucho y muy fuerte que lo deseen ¿qué cambia eso? Nada.

No solo eso, además de pensarlo podrán decirlo, como suelen hacer en algún momento el Papa correspondiente, al mundo entero, desde la plaza de San Pedro. Y tras ese manifiesto ¿qué cambia en el mundo? Nada


Si realmente sirviera para algo, el presidente del gobierno se dedicaría a pensar en positivo, no a planificar y ejecutar. El agente de policía se centraría en desear que el responsable de un accidente de tráfico se entregue y la doctora de urgencias se concentraría con todas sus energías en que su paciente sanase sentada en su despacho. No, lo que cambia las cosas no es pensar: es actuar.

En este sentido, pensar, en sí, no es más que un eslabón de la cadena. Es el paso que precede al actuar, que debería consistir en reflexionar sobre una meta (lograr un objetivo, resolver un problema, etc.) y jerarquizar las opciones que tenemos para alcanzarla. Transformamos de esta forma el mágico pensamiento positivo en el meditado pensamiento constructivo.

El pensamiento constructivo consiste en elaborar pensamientos dirigidos a la solución de problemas de la vida diaria de manera eficaz, minimizando costes (estrés) y maximizando los beneficios (satisfacción). Una forma de pensar enfocada en tomar decisiones de la manera más adaptativa posible. O sea, buscar soluciones útiles a las circunstancias que afrontamos, guiados por la razón en vez de la emoción. Puesto que si cedemos el timón del barco a nuestros estados de ánimo, estos pueden favorecernos si son alentadores, pero arruinar nuestros intereses si se tiñen de nuestras preocupaciones y miedos.


De esta manara, si eliminamos de la ecuación los estados emocionales (esos "no me apetece", o "hoy me siento bien" o "no me encuentro con el suficiente ánimo") y nos centramos en el comportamiento, esto es, en lo que puedo y/o debo hacer, eliminamos el voluble e inestable factor que puede convertirnos en inoperantes.

¡Corrijo! Más que eliminarlos (les felicito desde ya si son capaces de lograrlo), se trata de neutralizarlos. De sencillamente, hacer de tripas corazón y no tenerlos en cuenta. ¿Cuántas veces nos hemos levantado malhumorados, con emociones y pensamientos negativos, pero tras la ducha y empezar las tareas del día a día (hacer lo que debemos) nos damos cuenta de que nos sentimos mejor?

Entroncamos aquí con las consecuencias en nuestra salud mental. Si nuestro hacer depende de nuestras emociones (y lamentablemente nos educan para que estas decidan), dejaremos de hacer cuando no estemos animados. Sería el momento idóneo para recordar el siguiente axioma: las cosas pueden hacerse, estemos animados o no. Y esto no admite crítica. De hecho, es precisamente dejarme llevar por mi desánimo (por tanto, no hacer lo que toca) lo que sienta los cimientos de una actitud veleidosa que puede llevarnos perfectamente hacia un futuro trastorno depresivo.

Recuerdo como si fuera ayer la respuesta de un hombre a cargo de sus hijos, sin trabajo estable ni ingresos para vivir dignamente, al que le comenté: "Tienes motivos más que suficientes para estar deprimido". Su respuesta sentenció la conversación. "No estoy deprimido por que no puedo permitírmelo teniendo tres bocas que alimentar".

Concluyendo, el pensamiento positivo no sirve, por muy estimulante y complaciente que sea. Y no solo eso, se convierte en una trampa desde el momento en que nos hace creer que estamos en vías de solución a nuestra circunstancia, cuando no es más que humo, un espejismo. El pensamiento constructivo es menos ilusionante, quizá menos bondadoso, pero más maduro. Y sobretodo, tiene efectos reales en nuestra vida.

El pensamiento positivo te dice: Si quieres, sucederá

El pensamiento constructivo te dice: Haz algo para que suceda