miércoles, 17 de abril de 2019

CITA: Hibakusha, el trauma de los supervivientes de la bomba atómica.

"Los hibakusha o supervivientes japoneses (de la bomba atómica) han sido, por décadas, estigmatizados en Japón. Su aspecto, con heridas y escaras, los rumores sobre ser portadores de extrañas enfermedades etc, les han hecho no poder encontrar trabajo y ser discriminados socialmente. Robert Jay Lifton entrevistó en profundidad a 75 hibakusha a principios de los 60, en promedio 15 años después de las bombas, realizando un extenso estudio en base a las transcripciones de entrevistas. 


Los hibakusha o supervivientes japoneses comparten una serie de rasgos notables. La experiencia, en la que murieron, casi siempre, toda la familia, vecinos, amigos, quedó destruida casa y lugar de trabajo, y la propia persona sobrevivió con la secuela de malformaciones, escaras permanentes o enfermedades infecciosas crónicas por la inmunodepresión, fue una experiencia instantánea – duró segundos -, sin preparación y de consecuencias devastadoras.

Tres elementos aparecen de manera repetida en las entrevistas como dañados de modo irreparable:

-El sentido de conexión (“sense of connection”) con el mundo y con los demás.

-El sentido de integridad simbólica (“sense of symbolic integration”) entendido como el tener un sentido de coherencia y de significado de la vida propia, y como el intento de buscar algún tipo de trascendencia de la experiencia de la bomba atómica que de sentido a sobrevivir.

-El sentido del movimiento (“sense of movement”), de desarrollo y de cambio, en una lucha continua entre una fijación o no en la identidad personal como “hibakusha”.

Hay una ansiedad casi constante que correlaciona con la incapacidad para articular y dar sentido a la experiencia. Las respuestas 'no sé qué decirle' o 'no tengo palabras' son muy frecuentes. Esto tenía que ver con el modo de reacción : 'Dejarse llevar'. La no-resistencia en relación con misterios últimos de la vida a los que no es posible llegar y que es mejor aceptar como vienen. El sentido de la resignación [en japonés akirame] que está en relación con sentir que uno está en medio de fuerzas que escapan completamente a su control. No es pasividad, que tiene que ver con abandono, sino resistencia pasiva: Ocurra lo que ocurra, sigo adelante; una cierta idea de voluntad humana indestructible, de tentetieso que se levanta. Esta propia autoimagen de aceptar lo que viene y seguir permite dar una imagen interna de conexión, cohesión y movimiento.

Esta idea de la resistencia pasiva como virtud tendría sus raíces en el budismo japonés, independientemente de ser creyente o no.


Esta resignación no evita, en las entrevistas realizadas, que haya un sufrimiento psicológico profundo, pero da un marco de comprensión y afrontamiento. Es sólo un apoyo frente al dolor individual por todo lo perdido y el modo en que fue perdido, que es desgarrador. Lo que cruza todas las emociones de los supervivientes es la culpa. La culpa por el hecho de estar vivo mientras todos los seres queridos han fallecido aparece en la casi totalidad de las personas entrevistadas".

lunes, 1 de abril de 2019

45#. Los recuerdos traumáticos son algo más que malos recuerdos.

Nadie quiere recordar un trauma, y en este sentido, la sociedad no es diferente de las propias víctimas. Todos deseamos vivir en un mundo seguro, manejable y previsible, pero las víctimas nos recuerdan que esto no es siempre así. 


Para comprender un trauma debemos superar nuestra reticencias natural a confrontar esa realidad y reunir el valor necesario para escuchar los testimonios de los supervivientes. De ellos podemos extraer un significado capital: los recuerdos normales no son como los recuerdos traumáticos. Los recuerdos de nuestro pasado no tienen la misma naturaleza que las experiencias traumáticas sufridas. La diferencia no es cuantitativa, sino cualitativa.

Las personas traumatizadas, emocional o psicológicamente, conservan unos y otros recuerdos de manera distinta. Preguntadas respecto al pasado, no presentan dificultad en hablar y recordar acontecimientos inolvidables de su vida que no hayan sido traumáticos: El día en que nació su hija, el día de su boda, el día en que se graduó, el día en que alcanzó una meta importante,... Indagando en estos, al ser preguntados sobre si tuvieron alguna vez una imagen intrusiva o espontanea del evento de forma vívida, respondían que no. 

Recordar con cierta precisión el discurso que dio en su graduación o alguna sensación intensa al recordar el nacimiento de su hija o la impresiones del cuerpo de su pareja en la noche de bodas (aunque esta última levantara alguna mirada de extrañeza) eran respondidas de forma negativa. Sin embargo, al ser preguntados por eventos traumáticos sufridos, se elicitaban respuestas emocionales muy vívidas: El tufo a alcohol de su violador, la visión de un cadáver destrozado, el frio del agua inundando el coche accidentado o las sensaciones cuando su marido las tocaba que pudieran parecerse a cómo lo hizo el violador,... saltaban a su memoria y activaban intensas respuestas emocionales.
 

Los recuerdos de acontecimientos negativos (tristes, frustrantes o enojosos) y los recuerdos traumáticos se diferencian por el modo en que están organizados en nuestra memoria, pero también por las reacciones físicas que elicitan. Los malos recuerdos se recordaban como eventos del pasado, que les habían afectado emocionalmente, pero que poseían un inicio, desarrollo y un final. Sin embargo, los recuerdos traumáticos no tenían una narrativa definida: estaban desorganizados. Algunas personas recordaban demasiado claramente algunos detalles (olor del violador, el orificio en la frente de un niño asesinado, los focos del camión que nos embistió,...) pero no podían recordar la secuencia de acontecimientos ni otros detalles relevantes del hecho. Además de eso, se vivían en presente, se sufrían como si estuvieran sucediendo en el momento, sin poder confinarlos en el segmento temporal del pasado en que sucedieron.

Los recuerdos traumáticos son fundamentalmente distintos de las demás historias de nuestra biografía por que están disociados. Las sensaciones del suceso traumático quedaron en nuestra memoria sin estar bien montadas secuencialmente. Y esta es la esencia del trauma: que es abrumador, increíble e insoportable.


Las personas que han sufrido un trauma piden que dejemos de pensar en términos de lo que consideramos normal y aceptemos que estamos tratando con un realidad dual: la realidad de un presente, relativamente seguro y previsible, que convive junto a un pasado impactante, conformado por huellas sensoriales y emocionales fragmentadas (imágenes, sonidos y sensaciones físicas) que se reviven como una amenaza actual.