Recuerdo cuando los medios de comunicación lo etiquetaban como “showman” o “populista al llegar a la Casa Blanca en su primera legislatura. Posteriormente, más de un periodista lo tildó de “loco”, no tanto como sinónimo de demente sino más bien describiendo a alguien con ausencia de sentido común y comportamiento ilógico.
Para mí, el perfil psicopático del personaje, estaba fuera de toda duda. No obstante, un experto en la materia, el psicólogo Vicente Caballo, lo ha etiquetado en un artículo, dedicado expresamente a él, como Trastorno Narcisista de la personalidad. Un análisis que publicó ya en 2017, y que tras revisarlo para actualizarlo, informa de que no ha tenido que cambiar nada del original, ningún rasgo o indicador clínico ha variado. Lo que significa exactamente eso, que este tipo es exactamente igual que era hace ya casi una década.
¿En qué se basa para hacer este diagnóstico sin haberse entrevistado con el sujeto? Pues en toda esa extensísima gama de conductas que Donald nos ha regalado desde que es el Presidente:
-Fantasías de éxito ilimitado: El uso constante de términos como "tremendo" o "maravilloso" y la promesa de hacer a América "grande otra vez", permitiendo que sus seguidores proyecten sus propios deseos en esa frase tan genérica como ambigua.
-Creencia de ser "especial" y único: Afirma tener un coeficiente intelectual altísimo y solo se relaciona con personas de estatus elevado, sintiéndose por encima de las reglas convencionales.
-Exigencia de admiración excesiva: Obsesión con su imagen en los medios, los índices de audiencia y la popularidad. Cualquier crítica es percibida como un ataque personal, y no soporta los ataques personales.
-Sentimiento de privilegio (Entitlement): Expectativas de trato especial y baja tolerancia a la frustración. Un ejemplo extremo es su afirmación de que podría "disparar a alguien en la Quinta Avenida y no perder votantes" .
-Explotación interpersonal: Utiliza a los demás para sus fines (vendedores a los que no paga, estudiantes de la "Universidad Trump" defraudados) y cosifica a las mujeres
-Sentido grandioso de la propia importancia: Trump utiliza "hechos alternativos" para que la realidad encaje con su visión de ser el mejor negociador, el más honesto o el más rico.
-Carencia de empatía: Incapacidad para reconocer sentimientos ajenos, ejemplificada en sus burlas a un periodista discapacitado o sus ataques a familias de soldados caídos o descalificaciones a su antecesor o tantas otras mofas groseras.
-Envidia hacia otros o creencia de ser envidiado: Clasifica a sus críticos como "losers”, perdedores movidos por la envidia y admira el control "con mano dura" de líderes como Putin. ¿Quien nos iba a decir que admiraría al líder del mayor adversario histórico de su país del siglo pasado?
-Arrogancia y soberbia: Actitud despectiva hacia la prensa y los oponentes políticos, a quienes suele insultar de forma impulsiva.
Sin embargo, La Escala de Psicopatía de Hare (PCL-R) es el estándar de oro a nivel mundial para evaluar este constructo. Aplicar la Escala de Hare (PCL-R) a una figura pública como Donald Trump es un ejercicio que varios expertos en salud mental han realizado utilizando la abundante información documental, biográfica y conductual disponible
En los Rasgos Interpersonales y Afectivos es dónde los analistas encuentran mayor coincidencia con el perfil de Trump.
Gran locuacidad / Encanto superficial: Se destaca su carisma innegable y su capacidad para dominar escenarios y audiencias a través de la palabra.
Sentido grandioso de valía personal: Manifiesta una autopercepción de superioridad extrema, presentándose frecuentemente como el "mejor" en múltiples ámbitos (negocios, inteligencia, política).
Mentira patológica: Expertos señalan su uso constante de afirmaciones falsas o exageradas ("hechos alternativos") para moldear la realidad a su conveniencia.
Dirección / Manipulación: Se citan ejemplos como sus intentos de influir en funcionarios electorales para cambiar resultados o su trato con socios comerciales.
Ausencia de remordimiento o culpa: Trump rara vez (por no decir nunca) pide disculpas o muestra arrepentimiento por acciones que otros consideran perjudiciales.
Falta de empatía / Crueldad: Sus comentarios despectivos hacia minorías, migrantes o personas con discapacidad son citados como evidencia de una incapacidad para conectar con el sufrimiento ajeno.
Pero en el segundo grupo de rasgos (de Desviación Social) tampoco se queda atrás:
Necesidad de estimulación / Prononéz al aburrimiento: Su constante actividad en redes sociales y la necesidad de atención mediática constante sugieren una búsqueda perpetua de estímulos.
Impulsividad: Decisiones políticas o declaraciones repentinas y sin filtrar son vistas como una falta de premeditación.
Pobre control de la conducta: Reacciones coléricas ante la crítica y ataques personales frecuentes a oponentes.
Problemas de conducta precoces: Biógrafos y familiares han relatado incidentes de agresividad y desobediencia durante su infancia y etapa escolar.
Irresponsabilidad y falta de metas realistas: A pesar de su éxito, se critican sus quiebras financieras previas y una gestión que a menudo ignora las consecuencias a largo plazo de sus actos.
En conclusión, el psicólogo Vince Greenwood, valoró a Trump según los items de esta escala y obtuvo una puntuación de 33. 33 puntos sobre 40, superando el umbral de 30 puntos que define la psicopatía clínica en contextos de investigación.
Aunque el Trastorno de la Personalidad Narcisista (TNP) y la Psicopatía (Escala Hare) no son idénticos, sobrepasa la puntuación límite para ser diagnosticado de ambos.
Con estos datos en la mano, lo que me extraña es que alguien se sorprenda del incalificable comportamiento del personaje. Un trastorno de la personalidad no implica enfermedad mental; tan solo una forma muy particular de ser (y tanto). Ninguno de los trastornos mencionados implica enajenación o demencia; más bien lo contrario: el sujeto sabe lo que hace. Sabe por qué lo hace. Pero esto, el por qué, es prescísamente lo que desconocemos















