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miércoles, 31 de enero de 2024

87#. La generación distraida o cómo hacer inútil a toda una sociedad

Atiendan a esta paradoja. Mientras que los centros educativos de medio mundo se afanan por introducir en las aulas tablets, ordenadores, pizarras interactivas y demás recursos supertecnológicos, en Silicon Valley, cuna de la tecnología, abundan los centros en donde están prohibidos ordenadores, tablets, teléfonos móviles, etc., y en donde las niñeras tiene prohibido por contrato usar los smartphones. En concreto, el elitista (y por supuesto, privado) colegio donde se educan los hijos de directivos de Apple, Google y otros gigantes tecnológicos no entra una pantalla hasta que llegan a secundaria. 

 


¿Qué pensarían ustedes de un productor que no usa ni consume el producto que intenta venderles? Ciertamente, es algo más que sospechoso.

No muy lejos de la soleada California ya han reaccionado. La escuela pública de Seattle, que engloba a mas 50.000 estudiantes, ha presentado una demanda judicial contras las principales empresas de redes sociales (Facebook, Meta, Snapchat, TikTok, YouTube y otras más) por crear aplicaciones que explotan los cerebros frágiles de niños y jóvenes, al tratar de maximizar el tiempo que los usuarios usan sus plataformas para incrementar sus ganancias, contribuyendo así a la incipiente “crisis de salud mental juvenil”.

En la demanda se argumenta que el exponencial crecimiento de las plataformas de redes sociales es consecuencia del diseño de las mismas, que “explotan la psicología y neurofisiología de sus usuarios”. Las corporaciones acusadas se aprovechan de la vulnerabilidad del cerebro de los jóvenes, enganchando a decenas de millones de estudiantes en todo el país en bucles de retroalimentación positiva de uso y abuso excesivos.

De hecho, ya les hablé en este post  (la artimaña para manipular nuestra atención ) de como un tal BJ Fogg se vanagloria de crear adictos a las aplicaciones. Acuñó el palabro captología para describir a la metodología que logra captar y absorber nuestra atención. Desde hace años, sin pudor ni vergüenza alguna, enseña a los emprendedores de Silicon Valley a cómo hacer más adictivas sus aplicaciones, y a juzgar por los hechos, está siendo absolutamente eficiente en su labor. 

 


 

Lo que está en juego no es solo la salud mental de los usuarios, como denuncian en Seattle, sino que, por extensión, estamos hablando de hacer inoperantes a toda una generación. Estamos hablando de que la promoción de seres humanos que debe sucedernos se dedica mayoritariamente a dispersarse, a entretenerse, a pasar el tiempo descuidadamente. Y como dicen en mi pueblo, "camarón que se duerme, se lo lleva la corriente".

Entiendo que la inmediatez y poder adictivo de redes sociales y videojuegos secuestra la atención de nuestros hijos/as, que instalados en la sociedad del bienestar y carentes de herramientas fiables para decidir su futuro, despilfarran su tiempo en entretenerse, no en prepararse para afrontar los retos de su futuro. Una generación carente de metas o fines significativos en su vida, a los que poder dedicar sus esfuerzos, es una generación perdida.

Si la sociedad occidental está en recesión (comparada con otras orientales), esta va a ser la puntilla que nos hará decadentes en unos años. Por que otras sociedades están implementando medidas para evitar este proceso de demolición cultural que no tiene precedentes en la historia humana.

China ya se dio cuenta de esto y hace unos años decidió que no iba a desperdiciar a sus mejores cerebros permitiendo que se convirtieran en frikis de los videojuegos, de las redes sociales o las apps de internet, y tomado medidas para atajar el poder corruptor del uso de incontrolado de internet. Para eliminar la adicción a las redes sociales y controlar el contenido al que tienen acceso los infantes y jóvenes chinos, ha prohibido que los menores dediquen más de tres horas semanales a los videojuegos, exigiendo que los proveedores ofrezcan contenidos muy filtrados para sus menores y limitando más el tiempo frente a las pantallas. Califica a internet como “opio espiritual” que provoca un efecto nocivo entre aquellos que serán la fuerza motriz de la sociedad en un futuro no muy lejano. 

 


Si le pones una pantalla a un niño pequeño limitas sus habilidades motoras, su tendencia a expandirse, su capacidad de concentración, su creatividad. Si los contenidos de esa pantalla lo hacen adicto, aparecerán los síntomas de toda adicción, que incluyen los aludidos problemas de salud mental.

Todo apunta a este resultado, aunque a ciencia cierta, solo tendremos las respuestas en un par de décadas, cuando los niños actuales sean adultos. La cuestión, entonces, es: ¿Queremos asumir semejante riesgo? 

miércoles, 30 de agosto de 2023

Captología, o la artimaña para manipular nuestra atención

Si usted incita a un menor a beber alcohol, además de ser una conducta incívica es un acto penado por la ley. Si promueve la prostitución de otra persona, en caso de ser un menor estamos hablando de un delito, según el código penal (y puede llegar a penas de prisión). Si usted concibe una aplicación informática (app) premeditadamente diseñada para enganchar a los usuarios, y muchos de ellos son menores,... no tendría ningún castigo, por que no hay legislación alguna que lo tipifique como falta o delito. De hecho, aunque no se trate de menores de edad.

Es más. No solo se trata de que no es ilícito, sino que ni siquiera es considerado un acto indecente o impúdico. 

Como ya analizamos en un post anterior ("El adictivo negocio de robar nuestra atención") que pueden leer aquí, existe toda una industria dedicada a captar y absorber nuestra atención. Y resulta que, además, lo han bautizado con el cínico nombre de captología.



Con este palabro se designa una doctrina que enseña a atrapar con la tecnología. Instruye sobre cómo captar al usuario a través de técnicas de neurociencia que activan mecanismos neuronales que inducen la permanencia en esa web. De manera que los ciudadanos pasamos a convertirnos en su materia prima, y sí, el concepto es secuestrar de manera sutil, incruenta e inadvertidamente la capacidad de atención de cada individuo.

Táchenme de exagerado pero yo lo veo como si en las facultades de derecho se enseñaran las mejores estrategias para defraudar a Hacienda o para eludir pagar impuestos, o para ganar un juicio aunque no se tenga la razón.

Por supuesto, ellos la denominan tecnología persuasiva, y la definen asépticamente como aquella que logra cambiar las actitudes y comportamientos de la gente con su diseño. Si bien es cierto que ejecuta programas que permiten a personas con fobias superen sus miedos mediante realidad virtual o promueve que la gente sea menos hostil a quién es diferente, también crea legiones de adictos a las compras online o a los juegos de apuestas online, por poner un par de ejemplos simples.



El guru máximo de esta disciplina, B.J. Fogg lleva años enseñando a los emprendedores de Silicon Valley a convertirnos en adictos. No crean que algo muy diferente al tipo que vende papelinas a la puerta de un colegio. 

Todos los meses, organiza un curso intensivo de ‘behaviour design’ en su casa de invitados, al norte de California, en los que solo acepta que participen los profesionales que quieren aprender en sus clases "para hacer del mundo un lugar mejor". Vamos! Como si Oppenheimer te dice "voy a enseñarte a construir la bomba atómica pero solo si piensas usarla para hacer del mundo un lugar mejor".

Ya les hablé en el post antes mencionado de Tristan Harris. Filósofo de producto (jamás pensé que vería estos dos términos fundidos en un solo concepto) y especialista en ética del diseño en Google, abandonó su cargo hace un tiempo. Tras afirmar que "la tecnología no es precisamente una herramienta neutral", no tiene reparo en reconocer lo que cualquier ser humano con capacidad crítica intuye: "El trabajo de estas compañías es enganchar a la gente, y lo hacen asaltando nuestras vulnerabilidades psicológicas".


 

El tal Fogg, después de 20 años dedicado a esta empresa, se descuelga en los últimos tiempos prediciendo que un creciente porcentaje de la población llegará a ver cómo de importante es estar conectado a la naturaleza y alejado de la tecnología, viviendo más cerca de los orígenes. Aprender a ser humanos otra vez y no robots, creo que dijo. Dedicarte a desenganchar a los adictos cuando te has dedicado a engancharlos sonaría sarcástico sino fuera por las terribles consecuencias que va a tener en la salud mental y problemas de conducta de la población mundial en un futuro nada lejano.