Después de haber hablado de grandes virtudes humanas, como la valentía, justicia, fortaleza, templanza, prudencia,... y de otras que pasan más desapercibidas (humildad, compasión, generosidad,…) pero que entiendo igualmente relevantes en el proceso de construcción de la persona, me llevo una sorpresa cuando intento dilucidar cual de ellas sería la más importante. La respuesta no es tan fácil. De hecho, no solo me encuentro con que ninguna de ellas destaca significativamente sobre las demás, sino que se me caen los palos del sembrajo cuando concluyo que se trata de otra cualidad distinta.
Por que cualquier competencia humana (sea más física o más espiritual) debe asentarse sobre en una base sólida. Y ese pavimento no puede compactarse sin un prerrequisito: llevarse bien con uno mismo. Sí, por vulgar y simple que suene, ese sentirse satisfecho con lo que uno es (no se engañen dando por sentado que todo el mundo se entiende, y que además se gusta) el Big Bang de nuestra personalidad, el fundamento esencial sobre el que asentamos las primeras.
Quizá el concepto actual que mejor lo describa sea la autoaceptación, pero, sinceramente, me suena demasiado ortopédico; demasiado académico, quizás. Pero tirando del hilo me viene la eudaimonía de los estoicos, que se acerca bastante, puesto que hace referencia al vivir bien, al florecimiento individual, a plasmar con plenitud las capacidades humanas que tiene cada uno.
Sí, parece encajar bien con la idea que tengo en mente. Pero en un momento dado, aparece la noción aristotélica de filautía. El filósofo no la asocia con el narcisismo o egocentrismo sino con un saber quien eres y qué deseas, sin infravalorarte ni lo contrario; actuando según tus valores. De hecho, escribí un post al respecto hace ya años (https://elanimalconsentido.blogspot.com/2017/12/filautia-amor-propio-en-su-justa-medida.html) Cuando leo que la filautía es la amistad hacia uno mismo, salta en mi cabeza el Eureka! definitivo.
Llevarse bien con uno mismo, como concepto, desde luego que es poco erudito, y se le puede tachar de simplón, pero… define tan certeramente la idea que trato de expresar. Por que no se trata solo de establecer una buena amistad con uno mismo, sino disponer de la mejor relación de amistad que uno pueda tener. Y algo no menos relevante: implica la reconciliación con lo que uno es y con la propia existencia.
Decía Gandi que quien no está en paz consigo mismo estará en guerra con el mundo entero. Lo que me parece indudable es que una persona que no está en paz consigo misma está dividida. No sé si decir que se encuentra en conflicto interno constante, pero vive en una desagradable tensión. No tiene por que ser infeliz; puede ser académica o profesionalmente brillante, productiva, admirada,… pero no se siente satisfecha consigo misma. Difícilmente puede vivir de manera plena y virtuosa. Y no solo eso; por muchos logros que alcance, no está capacitada para disfrutarlos.
No, llevarse bien con uno mismo no es una virtud más; es la condición que posibilita las demás. La tierra fértil sobre la que se cultivan y crecen las restantes cualidades. La relación que tenemos con nosotros mismos es la cualidad fundacional, que actúa como principio organizador del resto.


